lunes, 28 de noviembre de 2011

La verdadera historia del Club Bilderberg”: ¿Los amos del mundo?

(IAR-Noticias) 20-Sept 05

El Periódico American Free Press publicó en junio de 2004, una serie de fotos sobre la reunión del Club en Stresa (Italia), con algunos de los asistentes. Arriba a la izquierda, David Rockefeller; arriba, a la derecha, Henry Kissinger; abajo, a la izquierda, Bill Gates; abajo, a la derecha, Donald Graham, presidente del Washington Post.
Por Germán Mendoza Diago - El Universal, Colombia
El pasado jueves, un escritor canadiense de origen ruso, residente en España desde hace nueve años, presentó en Barcelona su libro "La verdadera historia del Club Bilderberg", en el que plantea una nueva versión de la conspiración que un grupo de hombres poderosos ejecuta para llevar las riendas del mundo.
Daniel Estulín, el autor, aseguró en una entrevista con la Agencia France Press (AFP) que detrás de las instituciones internacionales, de todas las organizaciones supranacionales y de los gobiernos, "un grupo de líderes políticos, financieros y empresarios gobierna el mundo".
El libro contiene la investigación que realizó Estulín sobre lo que él llama "el verdadero gobierno mundial en la sombra", una especie de nueva versión de los "Illuminati", aquella congregación fundada en 1776 en Baviera por el profesor universitario alemán Adam Weishaupt, a la que pertenecieron ilustres escritores y científicos como Goethe, Cagliostro y el Conde de Saint-Germain.
Estulín, hijo de un oficial de la KGB soviética, dice que el propósito de esta nueva secta es la creación de un "Nuevo Orden" planetario.
Para sustentar esta hipótesis, consultó innumerables fuentes y tuvo la colaboración de los compañeros de su padre y los hijos de estos, en la descomunal tarea de documentar la historia del Club Bilderberg.
El club existe realmente y fue creado por el príncipe Bernardo de Holanda en 1954. Su nombre se debe a que la primera reunión se realizó en un hotel con ese nombre, en la ciudad holandesa de Osterbeckl.
Cada año realizan una reunión, que está reseñada en la Enciclopedia Británica como "Bilderberg Conference" y se define así: "Conferencia de tres días a la que asisten cerca de 100 de los banqueros de Europa y de Norteamérica, economistas, políticos, y líderes gubernamentales más influyentes. Se realiza cada año en un país occidental diferente, en una atmósfera de rígido secreto".
Dependiendo de la óptica ideológica, el Club Bilderberg puede ser considerado:
—Un grupo internacional de cabildeo extremadamente elitista y con mucho poder para orientar la política internacional.
—Un inocente grupo de discusión en el que participan políticos, intelectuales y poderosos inversionistas.
—Una sociedad capitalista secreta que defiende sus propios intereses y que urde intrigas y maquinaciones para asegurarse la dominación del mundo.
Aunque las reuniones se realizan en medio del más estricto secreto y a ellas no tiene acceso la prensa, la paciente labor de algunos periodistas investigadores ha logrado conocer la identidad de algunos asistentes asiduos a las últimas cinco: Paul Wolfowitz, presidente del Banco Mundial; Donald Rumsfeld, secretario de Defensa de Estados Unidos; David Rockefeller, ex responsable del Chase Manhattan Bank, Henry A. Kissinger, ex secretario de Estado de los Estados Unidos; Alan Greenspan, gobernador del Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos; Rodrigo Rato, director gerente del Fondo Monetario Internacional; Jacques Chirac, presidente de Francia; el multimillonario húngaro George Soros; o la Reina Sofía de España.
Daniel Estulín le atribuye una actividad tan secreta y poderosa al Club, que incluso asegura haber recibido amenazas y un intento de asesinato en 1996, debido a la naturaleza de sus investigaciones.
La historia conocida
El Club Bilderberg, según la historia que se conoce, nació en una época en que Europa se estaba recuperando de los efectos de la Segunda Guerra Mundial, gracias a los recursos procedentes de Estados Unidos, que permitieron revivir la capacidad de consumo de la clase media francesa, holandesa, belga, alemana e italiana. El mundo estaba dividido en dos grandes sistemas, opuestos y doctrinarios.
En 1954, el príncipe Bernardo de Holanda invitó a un grupo de personajes –cuya característica en común era el dinero, el poder o la influencia en sus respectivos países, y su marcado anticomunismo– a reunirse para discutir sobre el presente y el futuro de Europa y del mundo, creando "una entidad destinada a fortalecer la unidad atlántica, a frenar el expansionismo soviético y a fomentar la cooperación y el desarrollo económico de los países del área occidental".
El monarca contó con el apoyo de la Banca Rothschild, del magnate Rockefeller y de Henry Kissinger. A partir de entonces, la cita anual nunca ha dejado de realizarse. Todas en ciudades occidentales y, en la última década, unos días antes de la reunión del Grupo de los 8 (G8), los países más desarrollados del mundo.
Según publicó la revista Playboy en febrero de 2004, el sistema de seguridad para proteger al grupo "es tan elitista y poderoso como sus miembros".
Varias revistas europeas aseguran que tiene la sede principal en la ciudad holandesa de Leiden y cuenta con un comité directivo (Steering Committee) de unos 20 miembros permanentes, encargados de cursar las invitaciones a no más de 150 personas, según los temas que se tratarán en la agenda.
A las reuniones no está permitido el acceso de la prensa, de manera que casi nunca aparecen noticias o reportajes sobre ellas, y fotos mucho menos.
En la reunión de 2003, según la crónica de Play boy mencionada arriba, se filtraron algunos temas discutidos y se habló de cierto malestar del grupo por la invasión de Irak, que dividió a Estados Unidos y Europa, contrariando así los propósitos del Club de fortalecer el vínculo transatlántico.
Las únicas referencias públicas de las reuniones son algunos comunicados de prensa que reseñan muy brevemente los temas generales. Los más frecuentes en los últimos años son la energía nuclear y la biotecnología.
Los exclusivos socios
A las reuniones sucesivas nunca han dejado de asistir los secretarios de la OTAN del momento; hasta el año antes de su muerte, Giovanni Agnelli, presidente de la Fiat; el estadounidense Steve Case, de AOL-Time Warner; y una nómina asombrosa.
De hecho, la revista The Economist aseguró en un artículo de hace tres años que los más importantes líderes gubernamentales estuvieron en una reunión del Club Bilderberg antes de llegar a sus cargos, entre ellos Bill Clinton y Tony Blair, o el ex secretario de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer.
En 2003, la cumbre del Club de Bilderberg se realizó en el Hotel Trianon Park de Versalles (Francia), y sólo aparecieron en la prensa francesa unas pocas líneas sobre el encuentro, aunque entre los invitados de ese año estaban los presidentes de France Telecom, Coca-Cola y The Wall Street Journal, el consejero de Relaciones Públicas de Tony Blair, el primer ministro de Dinamarca, funcionarios de la administración de George Bush como Richard Perle y Paul Wolfowitz, y el ex presidente francés Valery Giscard D’Estaing.
La otra historia

PORTADA DEL AMERICAN FREE PRESS del 14 de junio de 2004, sobre la reunión de Italia. – La leyenda rodea al Club Bilderberg desde hace muchos años, incluso hay numerosas historias sobre desgracias que han caído sobre los periodistas que se atreven a investigar las reuniones o la naturaleza verdadera de la congregación.
Un sociólogo británico llamado Mikes Piter escribió un artículo en el que asegura que, en 1976, el periodista de Financial Times, Gordon Theter, fue despedido cuando intentó publicar, sin éxito, un artículo demasiado explícito sobre la reunión de ese año.
Muchos periodistas han tejido la otra historia del Club, una atractiva maraña de conspiraciones y planes secretos.
Mateo Balín, periodista de la Agencia de Información Solidaria, un grupo de prensa de orientación izquierdista, dice que los miembros del Club Bilderberg suelen usar una "estrategia que consiste en crear tensiones en naciones cerradas cultural y religiosamente, que conducen a estados de guerra y hostilidades perpetuas que utilizan para justificar medidas de emergencia nacional en los tiempos de paz".
Es decir, que fomentan crisis y contribuyen a solucionarlas, siempre y cuando el final de esos conflictos sea plenamente controlado.
La escritora española Cristina Martín Jiménez, autora del libro "El Club Bilderberg, los amos del mundo", dice en esa obra: "Cuando por vez primera me hablaron del Club Bilderberg sentí escalofríos. Su existencia parecía más ciencia-ficción que realidad. Me propuse el reto de desvelar los secretos de ese poderoso grupo que actúa discretamente para controlar el mundo. Rápidamente contacté con un investigador que lleva años siguiéndoles la pista, cuyo nombre omitiré por su seguridad personal. Éste me dijo: ‘Bilderberg es igual que Gran Hermano, el ojo que todo ve y controla. No actúan por dinero, ya tienen muchísimo; es por poder. El objetivo real es el poder absoluto, convertir a la gente en esclavos’. A continuación me mostró un billete de un dólar americano para explicarme la simbología masónica que contiene. El ojo sobre la pirámide, las 13 ramas, 13 flechas… Debajo de la pirámide hay una frase que dice: Nuevo Orden Mundial. No sólo se intuye la mano de la Masonería, sino la del Iluminismo. Nuestra conversación terminó con su consejo de que no escribiese el libro. ‘Esa gente es muy peligrosa. Te perseguirán a ti y a tu familia. Os lo quitarán todo, os dejarán en la calle. Ningún abogado querrá defenderte. No volverás a trabajar nunca. Llamarán a todas partes y pronunciarán tu nombre para que nadie te contrate. Retirarán el libro de las librerías con una sola llamada. Voces anónimas me han amenazado con secuestrarme, incluso con matarme…’
Me llevé dos días pensando en el alcance y significado de sus palabras. Llegué a la conclusión de que los bilderbergers no iban a perder el tiempo con alguien tan insignificante como yo. Y, por supuesto, no podía permitir que fuese el miedo el que decidiera por mí. Por eso comencé a investigar".
La última reunión
Los temas de la reunión de este año se divulgaron especulativamente, pues, como siempre, la entrada a la prensa estaba prohibida.
Sin embargo, se dice que el tema de Irak se acabó, que la discusión tiene que ver con la alianza entre Fidel Castro y Hugo Chávez, el Tratado de Libre Comercio, China y el comercio textil. Este último mereció una intervención del presidente Jacques Chirac en estos términos: "No podemos aceptar que estos productos invadan nuestros países sin ninguna regulación", según dice una columna de Mateo Balín.
Este periodista considera que se trata de una "visión de la democracia teledirigida, que pone en práctica no sólo el Club Bilderberg, sino el Bohemia Club, la Comisión Trilateral o el Club de Roma, que aparecen como ramificaciones donde el gran poder negocia las políticas globales a la sombra de los debates públicos".
Lo único que se saca en claro de las escasas noticias publicadas sobre la reunión Bilderberg 2005, en la localidad alemana de Rottach-Egern, es que fue extraordinaria.
Para Daniel Estulín, la reunión de este año ratifica que el Club Bilderberg es responsable "del terrorismo promovido por los gobiernos, el actual control de la población a través de la manipulación y el miedo y, lo más espantoso de todo, de los proyectos futuros del Nuevo Orden Mundial".
En su libro, atribuye a los "bilderbergers" maniobras como dar carta blanca a Rusia para bombardear Chechenia y presionar a Margaret Thatcher para retirarla de la política por oponerse al euro.
Será difícil saber la verdad, entre otras cosas, porque muchas verdaderas conspiraciones han sido desvirtuadas argumentando que creer en conspiraciones es característico de las mentes fantasiosas

El coronel del Ejército español Amadeo Martínez Inglés acusa formalmente al rey Juan Carlos I de graves delitos

Señoras y señores, éste es el verdadero Juan Carlos Borbón



(He corroborado la información sobre el asesinato cometido por Juan Carlos sobre su hermano cuando tenían 18 y 14 años en varias fuentes, como el periodista yanqui John Lee Anderson).
Ante el Presidente del Congreso de los Diputados
El coronel del Ejército español Amadeo Martínez Inglés acusa formalmente al rey Juan Carlos I de graves delitos

01:54h. del Domingo, 3 de agosto.
El pasado mes de abril, el coronel del Ejército español Amadeo Martínez Inglés, acusó, mediante un escrito al Presidente del Congreso, al rey Juan Carlos de una serie de irregularidades que son “presuntos y graves delitos que no deben quedar escondidos, de ninguna de las maneras, bajo la alfombra de la historia. Como los que relaciono a continuación: Un intento de golpe de Estado, (…) la puesta en actividad, en 1983, de los batallones de la muerte, (…) enriquecerse de una forma exagerada e ilegal, (…) ejercer la
corrupción continuada y generalizada, (…) desviar fondos reservados del Estado, (…) un presunto asesinato (…)”.
Texto completo:
*AL EXCMO SR. PRESIDENTE DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS DE LAS CORTES
ESPAÑOLAS*
Don Amadeo Martínez Inglés, coronel del Ejército, escritor e historiador
militar, se dirige a VE y a la Cámara que preside con arreglo a lo que
dispone el artículo 77.1 de la Constitución española manifestándole lo
siguiente:
Con fecha 23 de septiembre de 2005, y con arreglo a cuanto dispone el
artículo 77.1 de la Constitución española, remití al presidente de esa
Cámara en la legislatura anterior, señor Marín, un exhaustivo Informe (40
páginas) sobre los hechos acaecidos en España en la tarde/noche del 23 de
febrero de 1981 (popularmente conocidos como la “intentona involucionista
del 23-F”) en el que, después de una larga investigación de más de veinte
años, presentaba toda una serie de indicios racionales que apuntaban a que
el rey Juan Carlos I fue el máximo responsable de su planificación,
coordinación, preparación y ejecución. En consecuencia le solicitaba la
creación de una Comisión de Investigación, conforme a lo que establece el
artículo 76.1 de la Carta Magna, que, a pesar del tiempo transcurrido y con
los máximos poderes, estudiara, investigara y analizara tan deleznable
episodio de la reciente historia de España y depurara las responsabilidades
(políticas e históricas, preferentemente) en las que pudo incurrir el
monarca español.
En enero de 2006, cuatro meses después del envío del Informe sobre el 23-F
al presidente del Congreso de los Diputados y visto que éste no parecía
dispuesto a acusar recibo del mismo y, mucho menos, a estudiarlo o debatirlo
en la Cámara que presidía (aunque me consta que dio traslado del escrito a
los diferentes grupos parlamentarios) decidí enviar el prolijo documento al
presidente del Senado, señor Rojo, al del Gobierno de la nación, señor
Rodríguez Zapatero, y a cada uno de los presidentes de las más altas
instituciones del Estado: Consejo General del Poder Judicial, Tribunal
Supremo, Tribunal Constitucional, Consejo de Estado…etc, etc. Ninguna de las
autoridades a las que iba dirigido el, al parecer, “políticamente
incorrecto” escrito (a excepción del presidente del Senado, quien acusó
recibo a través de la Comisión de Peticiones de la Cámara) contestó al
mismo.
Al no obtener ninguna respuesta, tanto del presidente Marín como de los
presidentes de las más altas instituciones del Estado, año y medio después,
con fecha 23 de febrero de 2007, presenté en el Congreso de los Diputados el
mismo Informe solicitando de nuevo la creación de una Comisión que
investigara el supuesto golpe de Estado del 23-F; visto, además, lo ocurrido
en esa Cámara el día 23 de febrero del año anterior, fecha en que se cumplía
el vigésimo quinto aniversario de tan desgraciado evento, al rechazar de
plano algunos grupos parlamentarios la nota institucional que pretendía
difundir el presidente y que, como venía siendo costumbre en los últimos
años, señalaba al rey Juan Carlos como supremo y único “salvador de la
democracia y las libertades del pueblo español” puestas en peligro por el
golpista Tejero.
Como consecuencia de todo lo anterior y consciente de que el Congreso de los
Diputados, con su señor presidente al frente, y el resto de autoridades a
las que había dirigido el documento nunca se iban a molestar en acusar
recibo del mismo (si sus señorías no quieren debatir tan espinoso asunto que
lo haga la opinión pública, primero nacional y después internacional), he
decidido publicar todas mis investigaciones sobre el rey Juan Carlos en
forma de libro (”Juan Carlos I, el último Borbón”. Styria. Febrero 2008), un
extenso trabajo sobre la vida del monarca español en el que analizo, después
de muchos años de estudio y dedicación, no sólo el ya comentado asunto del
23-F sino algunas de las numerosas y graves irregularidades políticas,
militares, familiares, económicas… que ha protagonizado, primero en su
juventud y después a lo largo de sus treinta y dos años de reinado. Muchas
de estas irregularidades son, obviamente, presuntos y graves delitos que no
deben quedar escondidos, de ninguna de las maneras, bajo la alfombra de la
historia. Como los que relaciono a continuación:
1º.- Un intento de golpe de Estado, ya que a estas alturas está fuera de
toda duda que, en el otoño de 1980, dio el visto bueno a sus militares
cortesanos (los generales Armada y Milans) para que planificaran,
organizaran, coordinaran y ejecutaran una ilegal e inconstitucional maniobra
político-militar-institucional (el ya comentado 23-F), de acuerdo con
determinadas fuerzas políticas del arco parlamentario, con el fin de cambiar
el Gobierno legítimo de la nación española y frenar con ello un golpe
militar de la extrema derecha castrense. Maniobra que después sería
abandonada por él mismo y sus compinches políticos ante la estrafalaria
entrada del teniente coronel Tejero en el Congreso de los Diputados,
poniendo así en serio peligro de guerra civil a este país.
2º.- La puesta en actividad, en 1983, de los batallones de la muerte o
grupos de terroristas de Estado denominados GAL (Grupos Antiterroristas de
Liberación) para hacer desaparecer (matar o secuestrar) miembros de ETA,
saltándose a la torera todas las normas y leyes del Estado de derecho y
usando las mismas tácticas y técnicas de los separatistas vascos. Grupos de
asesinos a sueldo del Estado español que, con el conocimiento y la
autorización del Jefe del Estado y comandante supremo de las FAS españolas,
el rey Juan Carlos, serían organizados y dirigidos por los servicios
secretos militares (CESID) nutriéndose de funcionarios militares y civiles
españoles y mercenarios extranjeros.
3º.- Enriquecerse de una forma exagerada e ilegal hasta convertir a su
familia en una de las más grandes fortunas de Europa y el mundo, recibiendo
sospechosas donaciones y créditos personales desde el exterior y realizando
substanciosos negocios aprovechándose de su omnímodo poder institucional y
su inviolabilidad ante la ley. Lo que ha propiciado que en treinta años su
fortuna se haya elevado, según prestigiosas publicaciones extranjeras (en
España el mutismo en todo lo referente a la familia real es absoluto), a la
importantísima suma de 1.790 millones de euros (300.000 millones de
pesetas). Cifra ésta nunca desmentida por La Zarzuela.
4º.- Ejercer la corrupción continuada y generalizada, al recibir y aceptar
como rey y jefe del Estado regalos y donaciones multimillonarias de
empresarios y particulares (yates, coches, petrodólares para apoyar la
reconquista de Kuwait…)
5º.- Desviar fondos reservados del Estado para pagar sus aventuras galantes
y los chantajes de alguna de sus numerosas amantes, como el que tuvo que
hacer frente a partir del año 1994 tras su larga relación amorosa de 15 años
de duración con una bella vedette del espectáculo español. Que nos ha
costado a los contribuyentes españoles más de 500 millones de pesetas,
pagados con los fondos reservados del CESID, Presidencia del Gobierno y
Ministerio del Interior.
6.- Un presunto asesinato (el simple homicidio ya fue aceptado en su día por
él mismo y su familia) cometido en sus años mozos, ya que el 29 de marzo de
1956, con 18 años de edad y siendo un distinguido cadete de la Academia
General Militar de Zaragoza, con seis meses de instrucción militar intensiva
en su haber y otros seis de instrucción premilitar (experto por lo tanto en
el uso y manejo de toda clase de armas portátiles del Ejército español)
mató, estando sólo con él y en muy extrañas circunstancias que nunca han
sido aclaradas, de un tiro en la cabeza procedente de su propia arma a su
hermano Alfonso, de 14 años, el preferido de su padre, don Juan de Borbón.
Quien, según muchos políticos del entorno de éste, iba a ser elegido por el
conde de Barcelona para sucederle en sus derechos dinásticos a la corona de
España ante el proceder de Juan Carlos que ya en esas fechas manifestaba una
irregular y perruna obediencia a Franco con vistas a acceder al trono
saltándose a su propio padre.
En relación con este turbio asunto (que ha permanecido cincuenta años en el
más absoluto de los secretos), el citado trabajo de investigación desmonta
una tras otra todas las hipótesis tejidas en su día por la propia familia de
Juan Carlos y el dictador Franco para hacer creer a los españoles que todo
fue un desgraciado accidente. Supuesto accidente que nunca fue investigado
ni por la justicia portuguesa ni por la española, civil o militar, siendo el
homicida en aquellas fechas un profesional de las Fuerzas Armadas españolas.
De todos estos presuntos delitos cometidos por el rey Juan Carlos I, que
recoge el ya repetidas veces comentado trabajo de investigación, se
presentan abundantes indicios de culpabilidad. De la mayoría de los cuales,
por otra parte, han tenido constancia en los últimos años las elites mejor
informadas de este país (políticos, periodistas, líderes sociales…) pero sin
atreverse a denunciarlos y, mucho menos, a perseguirlos. El historiador
militar que formula el presente escrito ha decidido ahora darles publicidad
en forma de libro para conocimiento de todos los españoles. Libro que, por
otra parte, pasados ya dos meses desde su publicación, no ha sido desmentido
en ninguno de sus extremos ni por la propia Casa Real española ni por
autoridad alguna. Hasta el momento también, tanto el Congreso como los demás
poderes del Estado han “callado y otorgado”.
En vista de ello, constituidas ya las nuevas Cortes Generales salidas de la
voluntad popular expresada el 9 de marzo pasado y comenzado con ello una
nueva legislatura, me dirijo a VE como presidente del Congreso de los
Diputados para, en virtud de lo que contempla el ya citado artículo 77.1 de
la Carta Magna española, exigir la creación de la ya repetidas veces
solicitada Comisión parlamentaria que proceda de inmediato a estudiar e
investigar las ya muy claras responsabilidades del monarca español en los
hechos comentados con anterioridad y que resumo de nuevo:
1º.- La llamada durante años “intentona involucionista del 23-F” y que en
realidad no fue tal sino una chapucera maniobra borbónica de altos vuelos,
al margen de la Constitución y de las leyes, para cambiar el Gobierno
legítimo de la nación en provecho de la Corona.
2º.- La creación y organización de los autoproclamados Grupos
Antiterroristas de Liberación (GAL), compuestos por determinados estamentos
de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y del Ejército (de los que
el monarca español tuvo conocimiento antes de que empezaran a actuar a
través de documentos reservados del CESID) y que cometieron, con métodos
expeditivos criminales, por lo menos veintiocho asesinatos de Estado y un
secuestro.
3º.- El sorprendente y rápido enriquecimiento de su familia (en treinta años
ha pasado de la indigencia más absoluta a disponer de una de las mayores
fortunas de Europa, según informaciones de toda solvencia que no han sido
desmentidas por La Zarzuela).
4º.- La aceptación continuada de regalos y donaciones por parte de
particulares (yates, coches…) que lógicamente harían los interesados
persiguiendo algo a cambio.
5º.- Los pagos con fondos reservados de Presidencia del Gobierno y de los
ministerios de Defensa e Interior para enfrentar el chantaje de determinada
vedette del espectáculo español, que disponía de comprometedores vídeos
sexuales con el rey Juan Carlos.
6º.- La desgraciada muerte del infante D. Alfonso de Borbón en “Villa
Giralda” (residencia de los condes de Barcelona en Estoril) el 29 de marzo
de 1956 y que al hilo de los análisis incluidos en el trabajo de referencia
dejan bastante claro que el supuesto accidente pudo ser en realidad un
fratricidio premeditado. Mis estudios como militar y como experto en armas
dejan muy pocas dudas al respecto. Como tal hecho nunca fue investigado por
la justicia (ni portuguesa ni española) exijo, como historiador y ciudadano
español, que se abra un proceso clarificador sobre el mismo, exhumando si es
preciso los restos del infante que reposan en el Monasterio de El Escorial e
interesando del ministerio de Defensa la documentación que pueda obrar sobre
aquel homicidio en los archivos de la Academia General Militar de Zaragoza,
con el fin de que expertos judiciales y técnicos en balística y teoría del
tiro puedan hacer sus evaluaciones y aclarar definitivamente el misterio que
encierra aquél luctuoso suceso de la historia de España. Y dejando abierto
el camino para que los jueces establezcan las responsabilidades penales a
las que todavía debiera enfrentarse Juan Carlos de Borbón, ya que en aquella
época no estaba cubierto constitucionalmente por ningún manto de
inviolabilidad o irresponsabilidad y sólo era un profesional del Ejército
español (cadete de la Academia General Militar de Zaragoza), sujeto por lo
tanto a las leyes penales castrenses.
Responsabilidades que podrían ser de carácter penal pero, con toda
seguridad, históricas y políticas pues si se demostrara la culpabilidad del
actual rey de España, habría que reescribir con toda urgencia la historia de
este país.
Hasta aquí, señor presidente del Congreso de los Diputados, los presuntos
delitos cometidos por el actual rey de España, tanto en su ya largo reinado
como en sus años juveniles de caballero cadete en la Academia General
Militar. Que este modesto historiador militar y coronel del Ejército no está
dispuesto a que queden ocultos entre las bambalinas de la historia y sin su
correspondiente condena, sea esta penal, moral o histórica. Por ello le
reitero una vez más la solicitud de que todos estos hechos sean estudiados,
investigados y analizados en profundidad, y cuanto antes, por una Comisión
parlamentaria (auxiliada por los correspondientes expertos), ya que sin duda
debe ser ese foro parlamentario, como suprema expresión de la soberanía
popular, el que promueva inicialmente las acciones pertinentes, de tipo
judicial o político, que permitan aclarar tan graves e importantes
cuestiones. Que afectan al país en general y, sobre todo, a su historia pues
no deja de ser un auténtico sarcasmo y una burla al pueblo español que ya
figure en los libros de historia de este país como máximo salvador de la
democracia y de las libertades de sus ciudadanos aquél que fue el primero en
ponerlas en peligro autorizando el golpe de Estado del que, según la
angelical teoría oficial, nos salvó a todos.
Ante esta Comisión debería comparecer el propio rey Juan Carlos (ya se pidió
su presencia ante el Tribunal Militar de Campamento en el año 1982 para que
contestara a las acusaciones de golpismo vertidas en su contra por algunos
acusados y testigos en el golpe del 23-F) pues una cosa es que su persona
sea, a día de hoy, constitucionalmente inviolable y no sujeta a
responsabilidad y otra muy distinta el que no pueda y deba comparecer ante
los legítimos representantes del pueblo para dar a conocer su versión sobre
unos hechos gravísimos de la reciente historia de España en los que él
ejerció el papel de protagonista absoluto.
Y por último, señor presidente del Congreso de los Diputados, si tanto esa
Cámara como los demás poderes del Estado optan, una vez más, por tomarse mis
denuncias contra el rey Juan Carlos I a título de inventario, es decir, como
si estuvieran formuladas contra el históricamente preclaro e insigne Alfonso
X el Sabio en lugar de a menor gloria del, a todas luces, menos docto y
ejemplar personaje que en estos momentos ocupa la Jefatura del Estado
español a título de rey por deseo testicular del dictador Franco, este
historiador militar (que le recuerdo, por si lo ha olvidado, fue encarcelado
y separado abruptamente de su carrera por un ministro de Defensa de su
partido, en 1990, por reivindicar, con conocimiento de causa, un Ejército
profesional para España; aspiración que consiguió en 1996) se verá obligado
moralmente a pedir amparo internacional en la instancia judicial o mediática
que estime oportuna y conveniente, incluido si fuera preciso el Tribunal
Penal Internacional. Porque no deja de ser un contrasentido y un esperpento
jurídico que la Audiencia Nacional española, a través de su “juez estrella”
Baltasar Garzón, se dedique a perseguir jefes de Estado extranjeros,
presuntos genocidas, terroristas y responsables de crímenes de lesa
humanidad, y no haya llamado siquiera a declarar al máximo responsable de
los asesinatos de los GAL (crímenes de Estado que no prescriben ni deben
contemplar en su enjuiciamiento inviolabilidad alguna): el rey Juan Carlos
I. Quien recibió precisa y abundante información reservada del CESID en su
momento (la famosa Acta Fundacional y otros documentos) sobre la preparación
y pronta puesta en ejecución de la llamada “guerra sucia” contra ETA. Y no
hizo nada por evitarla.
Y espero, señor presidente, que no tome estas mis últimas palabras como una
amenaza (jamás me permitiría semejante libertad contra el máximo
representante del pueblo soberano y tercera autoridad del Estado) sino como
una respetuosa advertencia de un ciudadano español que ha dedicado toda su
vida a la defensa de este país, que sólo ha recibido a cambio represiones y
sinsabores y que, desde luego, como le enseñaron hace ya muchos años en una
Academia Militar, no va a cejar en la lucha por sus ideales y convicciones.
España no puede tener ni un minuto más en la Jefatura del Estado a un hombre
de pésima catadura moral, homicida confeso (que no ha pagado todavía por su
delito), presunto asesino y también, en grado de presunción por el momento,
golpista, malversador de fondos públicos y terrorista de Estado.
Le adjunto, señor presidente del Congreso, copia del Informe remitido en
septiembre de 2005 y febrero de 2007 a su predecesor en el cargo.
Firmo el presente escrito en Alcalá de Henares a 4 de abril de 2008 http://www.rafapal.com/?p=1133

domingo, 27 de noviembre de 2011

ASÍ MANEJAN LA ECONOMÍA MUNDIAL

LO QUE LEÍAN LOS CONQUISTADORES ANTES DE QUITAR LAS TIERRAS


Requerimiento
[Ficción jurídica: Texto completo]
Monarquía Española
Redactado por Juan López de Palacios*

Nota preliminar

Durante la conquista de América algunos teólogos pensaron que despojar a los indios de sus tierras, sin aviso ni derecho legal, ponía en peligro la "salvación eterna" de los Reyes de España. La solución a este dilema fue el Requerimiento. Escrito para ser leído frente a los enemigos antes de que comenzara la batalla, el documento les da la oportunidad de someterse pacíficamente a la autoridad de los Reyes de Castilla. Concluye que si los indios no aceptan la autoridad real, entonces serán culpables de "las muertes y daños que de ello se siguiesen".

En muchas ocasiones los españoles cumplieron con la exigencia legal de leer el texto antes de atacar a los indios. Lo hacían desde barcos o desde la cumbre de una colina, a grandes distancias de los indios, a veces en castellano y otras en latín. Luego, un notario certificaba por escrito que los indios habían sido advertidos.

Sobre el Requerimiento dijo fray Bartolomé de las Casas: "Es una burla de la verdad y de la justicia y un gran insulto a nuestra fe cristiana y a la piedad y caridad de Jesucristo, y no tiene ninguna legalidad".

El Requerimiento se usó durante décadas.


Requerimiento

De parte del rey, don Fernando, y de su hija, doña Juana, reina de Castilla y León, domadores de pueblos bárbaros, nosotros, sus siervos, os notificamos y os hacemos saber, como mejor podemos, que Dios nuestro Señor, uno y eterno, creó el cielo y la tierra, y un hombre y una mujer, de quien nos y vosotros y todos los hombres del mundo fueron y son descendientes y procreados, y todos los que después de nosotros vinieran. Mas por la muchedumbre de la generación que de éstos ha salido desde hace cinco mil y hasta más años que el mundo fue creado, fue necesario que los unos hombres fuesen por una parte y otros por otra, y se dividiesen por muchos reinos y provincias, que en una sola no se podían sostener y conservar.

De todas estas gentes Dios nuestro Señor dio cargo a uno, que fue llamado san Pedro, para que de todos los hombres del mundo fuese señor y superior a quien todos obedeciesen, y fue cabeza de todo el linaje humano, dondequiera que los hombres viniesen en cualquier ley, secta o creencia; y diole todo el mundo por su Reino y jurisdicción, y como quiera que él mandó poner su silla en Roma, como en lugar más aparejado para regir el mundo, y juzgar y gobernar a todas las gentes, cristianos, moros, judíos, gentiles o de cualquier otra secta o creencia que fueren. A este llamaron Papa, porque quiere decir admirable, padre mayor y gobernador de todos los hombres.

A este san Pedro obedecieron y tomaron por señor, rey y superior del universo los que en aquel tiempo vivían, y así mismo han tenido a todos los otros que después de él fueron elegidos al pontificado, y así se ha continuado hasta ahora, y continuará hasta que el mundo se acabe.

Uno de los Pontífices pasados que en lugar de éste sucedió en aquella dignidad y silla que he dicho, como señor del mundo hizo donación de estas islas y tierra firme del mar Océano a los dichos Rey y Reina y sus sucesores en estos reinos, con todo lo que en ella hay, según se contiene en ciertas escrituras que sobre ello pasaron, según se ha dicho, que podréis ver si quisieseis.

Así que Sus Majestades son reyes y señores de estas islas y tierra firme por virtud de la dicha donación; y como a tales reyes y señores algunas islas más y casi todas a quien esto ha sido notificado, han recibido a Sus Majestades, y los han obedecido y servido y sirven como súbditos lo deben hacer, y con buena voluntad y sin ninguna resistencia y luego sin dilación, como fueron informados de los susodichos, obedecieron y recibieron los varones religiosos que Sus Altezas les enviaban para que les predicasen y enseñasen nuestra Santa Fe y todos ellos de su libre, agradable voluntad, sin premio ni condición alguna, se tornaron cristianos y lo son, y Sus Majestades los recibieron alegre y benignamente, y así los mandaron tratar como a los otros súbditos y vasallos; y vosotros sois tenidos y obligados a hacer lo mismo.

Por ende, como mejor podemos, os rogamos y requerimos que entendáis bien esto que os hemos dicho, y toméis para entenderlo y deliberar sobre ello el tiempo que fuere justo, y reconozcáis a la Iglesia por señora y superiora del universo mundo, y al Sumo Pontífice, llamado Papa, en su nombre, y al Rey y reina doña Juana, nuestros señores, en su lugar, como a superiores y reyes de esas islas y tierra firme, por virtud de la dicha donación y consintáis y deis lugar que estos padres religiosos os declaren y prediquen lo susodicho.

Si así lo hicieseis, haréis bien, y aquello que sois tenidos y obligados, y Sus Altezas y nos en su nombre, os recibiremos con todo amor y caridad, y os dejaremos vuestras mujeres e hijos y haciendas libres y sin servidumbre, para que de ellas y de vosotros hagáis libremente lo que quisieseis y por bien tuvieseis, y no os compelerán a que os tornéis cristianos, salvo si vosotros informados de la verdad os quisieseis convertir a nuestra santa Fe Católica, como lo han hecho casi todos los vecinos de las otras islas, y allende de esto sus Majestades os concederán privilegios y exenciones, y os harán muchas mercedes.

Y si así no lo hicieseis o en ello maliciosamente pusieseis dilación, os certifico que con la ayuda de Dios nosotros entraremos poderosamente contra vosotros, y os haremos guerra por todas las partes y maneras que pudiéramos, y os sujetaremos al yugo y obediencia de la Iglesia y de Sus Majestades, y tomaremos vuestras personas y de vuestras mujeres e hijos y los haremos esclavos, y como tales los venderemos y dispondremos de ellos como Sus Majestades mandaren, y os tomaremos vuestros bienes, y os haremos todos los males y daños que pudiéramos, como a vasallos que no obedecen ni quieren recibir a su señor y le resisten y contradicen; y protestamos que las muertes y daños que de ello se siguiesen sea a vuestra culpa y no de Sus Majestades, ni nuestra, ni de estos caballeros que con nosotros vienen.

Y de como lo decimos y requerimos pedimos al presente escribano que nos lo dé por testimonio signado, y a los presente rogamos que de ello sean testigos.

FIN



* Juan López de Palacios: Jurista y consejero real, quien se encargaba de sustentar la justicia de las empresas reales ("sastre jurídico"). Su obra De Justitia et Jure obtentionis ac retentionis regni Navarrae, fue la apología final de la conquista de Navarra. Autor también del Tratado de las Islas (1512), e inspirador de la legislación española para América, recogió ampliamente el concepto de la "inmadurez" de los indígenas, los cuales debían ser protegidos, como tiernos vástagos, hasta de sus propios defectos.